¿Por qué los profesores deben conocer las respuestas equivocadas?

¿Por qué los profesores deben conocer las respuestas equivocadas?

Por Anya Kamenetz

Piense en nuestro planeta por un momento. La Tierra tiene una órbita elíptica en forma oval. Esto significa que estamos más cerca del sol por un tramo del año y más lejos en otro tramo del año. Pero, ¿esto explica por qué es más cálido en verano y más helado en invierno? Muchos niños piensan que sí. Muchos adultos, también. Pero están equivocados*.

Philip Sadler es profesor de astronomía y el director del departamento de educación científica de la Universidad de Harvard y está obsesionado con respuestas incorrectas como éstas.

“Los estudiantes no son recipientes vacíos”, señala. “Los estudiantes están cargados de todo tipo de conocimiento y encuentran explicaciones para todo”. Desde el nacimiento, los seres humanos trabajan arduamente para comprender el mundo que nos rodea.

Pero nuestra idiosincrasia es más cercana a los primeros filósofos griegos que a los científicos modernos: razonamos desde nuestra limitada experiencia. Y, tal como esos primeros filósofos, a menudo estamos absolutamente equivocados.

Sadler señala que la ciencia cognitiva nos dice que si no entiendes los errores en el razonamiento de los estudiantes, no serás capaz de despejar sus confusiones y reemplazarlas con los conceptos correctos.

“En términos de esfuerzo mental, es muy costoso cambiar las ideas que surgen de ti mismo”, señala Sadler. “Es una gran inversión decir ‘voy a abandonar esta cosa que se me ocurrió y que me hace sentido y voy a empezar a creer, en cambio, en lo que dice el libro o el profesor”.

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El experimento

Sadler realizó un examen de 20 preguntas científicas de selección múltiple a un grupo de estudiantes de secundaria. En cada ítem, una de las alternativas distractoras era una respuesta errónea muy habitual entre sus estudiantes. De hecho, este distractor era a menudo la alternativa más escogida por sobre la respuesta correcta.

Por ejemplo:

  1. Eric está mirando una vela encendida muy cuidadosamente. Una vez que se consumió toda la vela, quiere saber qué le ocurrió a la cera. Tiene una serie de teorías. ¿Con cuál estás más de acuerdo
    1. La cera de la vela se transformó en gases invisibles.
    2. Toda la cera se derritió y goteó hasta el fondo del candelabro.

La respuesta equivocada, la 2, fue escogida por el 59% de los estudiantes. Sólo un 17% escogió la respuesta correcta, la 1.

El estudio continuó con la entrega del examen a los profesores de estos estudiantes. Les preguntaron cuáles respuestas equivocadas fueron las más frecuentemente escogidas. Descubrieron que el conocimiento de los profesores sobre los errores comunes de sus estudiantes era débil: sabían un 85% de las respuestas correctas pero sólo un 41% de los respuestas erróneas “correctas”, es decir, las más escogidas.

Entre los profesores con alto conocimiento de las debilidades de sus estudiantes, sus alumnos aprendieron significativamente más sobre ciencia, según los resultados entregados luego de un nuevo examen tomado a fin de ese año.

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¿Cómo actuar frente a lo equivocado?

Al descubrir la importancia de lo equivocado, los profesores deben manejar este conocimiento en favor del aprendizaje de los alumnos.

El primer paso, dice Sadler, es enseñar Socáticamente (aquí aparecen los griegos nuevamente): hacer preguntas e incentivar a los estudiantes a pensar en voz alta. Esto funciona mucho mejor que una clase común y corriente.

“Los profesores que encuentran fascinante las ideas de sus niños simplemente son mejores profesores que aquellos que encuentran fascinante los contenidos de las asignaturas”, señala Sadler.

El siguiente paso es exponer a los estudiantes a la información y a la experiencia que les permitirá deducir su camino hacia la respuesta correcta.

Por ejemplo, Sadler junto con unos colegas crearon un curso escolar de astronomía. En una de las clases, los estudiantes miran fotos del sol tomadas por el mismo telescopio por cada mes del año. La mayoría pronosticó que el sol se vería más grande en los meses cálidos (entre julio y septiembre en el hemisferio norte). Sin embargo, cuando los estudiantes tomaron sus reglas, descubrieron que el sol es más grande (más cercano) en enero (el punto más próximo en nuestra órbita, el perihelio, ocurrió el 2 de enero de este año).

Esto va completamente en contra de la lógica de la órbita elíptica”, señala Sadler.

 

*La verdadera causa de los cambios de estaciones es la inclinación de nuestro planeta en 23,5 grados fuera de su eje.

Fuente: NPR Education.

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